El arte es un fenómeno que proviene de las formas de conciencia y su colisión con lo que se vive. El arte materializa las complejidades de estas dinámicas y provee un modelo de pensamiento acerca de condiciones en las cuales la vida humana se pueda satisfacer completamente, pueda llevarse a cabo.
Ya que la obra de arte está tomada desde el principio como un todo: ésta es la llave a la emoción estética. Crea una ilusión de poder incrementado sobre el objeto representado y ya que el objeto que está reproducido en una obra está sensorialmente simplificado las dimensiones sensoriales perdidas son suplementadas por el consumidor de la obra. La pérdida de dimensiones sensoriales es compensada por una adquisición de dimensiones apropiadas intelectualmente; así, la obra de arte llena la función esencial cognitiva, dándole al humano entendimiento y conocimiento.
Los malestares como la homogeneidad, la hostilidad del modernismo dieron lugar al arte público. El arte público es una “comunicación viral”2 por medio de la comunicación social en la que el espectador-público-actuante se contagia-involucra en un suceso artístico. No hay duda de la existencia de múltiples caminos que toma el llamado arte público y en ocasiones son prácticas ilegales lo que desencadena una serie de respuestas que no son del todo alentadoras ni positivas ya que aún existe un respeto por lo que se considera dentro de la legalidad.
Hacer otra cosa y situarse en la grieta que requiere y que empuja al mundo para que cambie no es algo extraño ni nuevo aunque si escaso. Aunque en palabras de John Holloway hay cierta esperanza: “Hablar de rupturas no tiene nada que ver con la marginalidad: no hay nada más común que ser anticapitalista. El capital nos impone una identidad, nos dice que somos. Nuestra dignidad nos responde que no, que no somos: no somos, porque hacemos, porque creamos y haciendo esto, nos negamos y nos creamos. Desbordamos todas las identidades, todos los roles, todas las personificaciones y las máscaras que el capital nos impone. Desbordamos todas las clasificaciones. El capital impone clasificaciones sobre nosotros, nos divide por clases. Nuestra lucha es una lucha de clases, pero no fortalece nuestra identidad de clase sino que la rompe, para disolver clases, para liberarnos de toda clasificación”.1 Sin duda Holloway es uno de los autores actuales con más inserción en las luchas sociales contemporáneas.
Los malestares como la homogeneidad, la hostilidad del modernismo dieron lugar al arte público. El arte público es una “comunicación viral”2 por medio de la comunicación social en la que el espectador-público-actuante se contagia-involucra en un suceso artístico. No hay duda de la existencia de múltiples caminos que toma el llamado arte público y en ocasiones son prácticas ilegales lo que desencadena una serie de respuestas que no son del todo alentadoras ni positivas ya que aún existe un respeto por lo que se considera dentro de la legalidad.
1 Holloway, John, Jens Kastner & Elisabeth Bettina Spörr, Nicht alles tun, pp. 37-39
2 Chris Murray, Key Writers on Art, p. 23
