Existe una relación de los habitantes y el espacio: esto crea conexiones que revelan cómo se hacen las comunidades.
He encontrado a través de mi trabajo basado en una comunidad que necesito de la búsqueda de la integración de la obra con el lugar, una pieza que emerja de un lugar en específico y cuyo significado esté directamente relacionado con éste. En muchos casos el lugar es también concebido como una entidad social: “una comunidad y no sólo el simple sentido de ambiental y arquitectónico”.1
Yo creo que todo espacio responde, por lo que diga, o por lo que deje de decir; suele provocar cambios en sus habitantes, quienes lo modifican también.
En lugar de una obra de arte colgado en la pared, el retrato enmarcado del matrimonio o de un bebé en brazos en la iglesia para su bautizo nos lleva a un orden simbólico que se construye orientado a una exclusiva de las personas. La familia se expone a si misma porque a diferencia de la apreciación de una obra de arte moderna requiere de ciertas competencias, la fotografía familiar tiene sus propias competencias en la historia de la misma familia que funcionan como testigo del valor de ese grupo social; en este sentido, el álbum familiar también es un archivo que perpetua y hace constancia del devenir de las personas.
1 Miwon Kwon, One Place Alter Another. Site-Specific Art and Location Identity, p. 95.

